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  • Catalina Quevedo

AMOR PROPIO

“Por muchos años cerré las puertas al encuentro del amor basada en la premisa fundamental de que necesitaba enfocarme en las urgencias de la vida. Cuando descubrí que la única urgencia de mi vida era amar de manera incondicional, empecé a dar lo mejor de mí y a amarme a mí misma. Por supuesto en ese momento, también encontré el amor de pareja”.

Catalina Quevedo

En tu interior hay un lugar simbólico donde reside la llama del Amor Primordial, ese amor que es el más grande de todos, el más potente y tierno, el más dulce y extraordinario amor: El Amor Propio. Tal vez vengas viviendo tu vida creyendo que el amor más grande es el de pareja o el de una madre por un hijo. Lo cierto es que la más grande historia de amor es la que se da entre tú y tu Ser Superior, aquella en la que te das cuenta - como en una revelación – que el amor de La Fuente habita en ti y te colma total y absolutamente.


Si esto es así ¿por qué nos sentimos incompletos sin una pareja? ¿Por qué sentimos apego hacia las personas y sufrimos enormemente cuando las perdemos?


Desde que nacemos nos entregan un libreto que contiene las actuaciones esperadas y las no deseadas por nuestra familia, la sociedad, la religión y en general, nuestros adultos. Nos han dicho que hacer vida en pareja es parte fundamental de la realización personal, que es el final feliz de los cuentos de que leíamos de niños y hoy, de adultos, sentimos que encontrar una pareja perfecta es el final feliz. La verdad es que el enamoramiento es el inicio de un camino de autoconocimiento y transformación. Lo que seguía en historias de princesas después de la boda era la convivencia, la cotidianidad y, como no nos las mostraron, asumimos que eran como el final: felices para siempre. Y ahí es que empieza el cuento: quién asume qué en términos económicos, qué vamos a almorzar (cada día de cada mes de cada año que pasemos juntos), los ronquidos, los amigos, las visitas familiares, los daños de estómago, las subidas de peso, los berrinches propios y del otro, etc. Cuando vamos a reuniones familiares, es probable que alguna tía nos pregunte ¿ya conseguiste pareja? O ¿dónde conseguiste esa pareja? Como si las pusieran en venta en algún anaquel de supermercado. La realidad es que una pareja para una relación satisfactoria y de almas no se busca, se encuentra cuando estamos listos para emparejarnos con esa persona, para sanar las heridas personales y emprender juntos un camino de aprendizajes, cuando renunciamos a buscar en otro lo que no puedo encontrar en mi interior.


Buscar amor en los demás es una falacia ya que el verdadero amor es aquel que se siente en el interior y se refleja en el mundo y en los otros; es inagotable. Buscar amor en los demás - mientras se siente un vacío profundo - es dirigirse al encuentro de la dependencia, el apego, el maltrato y el irrespeto. Buscar el amor primordial que reside en tu interior es tal vez la búsqueda más importante que puedas llegar a realizar y es totalmente seguro que siempre es fructífera. El amor propio no es vanidad o esa máscara de importancia que el ego suele ocupar. Amor propio es la certeza de la unidad personal, saber que no se está dividido o fragmentado por secciones. Amor propio es la unidad básica del ser, la totalidad, la plenitud.


Mientras no estés dándote a ti mismo amor o haciendo por ti lo que normalmente esperarías que otro hiciera, no podrás encontrar ese reflejo en otros, pues tú reflejas lo que vibra en amor y proyectas lo que vibra en miedo y en culpa, de manera que, sin el reflejo del amor, es probable que llegue la proyección y tengas relaciones toxicas, simbióticas o desgastantes. Cuando se tiene la sensación de no estar completo, de que se está en falta, entonces se está en desamor personal y esto se proyecta en otros, atrayendo hacia sí mismo lo que hará crecer por defecto la sensación de incompletud o falta. Este es el origen de las relaciones tóxicas o dependientes.


Muchas de las relaciones tóxicas que experimentan los seres humanos están ancladas a antiguos modos de relacionamiento de miembros del árbol ancestral, por generación de lealtades inconscientes y, en últimas están ancladas a ese libreto cultural del que estuvimos hablando. Cuando se refleja amor, este vuelve a ti de formas maravillosas, sutiles y satisfactorias.


Se necesita entonces conectar con el Maestro Interno a través del silencio, la contemplación y la meditación para darnos cuenta de que el vacío interno era sólo una ilusión, que jamás estuvimos incompletos, que el ser humano es una totalidad cósmica, que nada hacía falta. En ese momento de descubrimiento, nos expandiremos en amor más allá de los límites físicos y, por causa y efecto, nos sentiremos como seres amados, cuidados, protegidos y acompañados. De esta manera la energía divina nos recodifica, recalibra, limpia y sana para que en adelante accedamos de una forma pura y tranquila a nuestro Maestro Interior, que está impregnado en cada molécula de nuestros cuerpos físicos.

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