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  • Catalina Quevedo

COMPASIÓN

“Honro tu existencia, cada parte de ella, pues a través de tus experiencias te llenas de oportunidades de aprendizajes con los que puedes evolucionar y trascender. Honro tu poder interior, sé que eres potencialmente todo”. Catalina Quevedo

¿Has sentido alguna vez un sentimiento de amor tan profundo por otro ser que, literalmente, sentías que estaban conectados y te habitaba una alegría inmensa por la sola posibilidad de sentir ese ser? (sin estar bajo el efecto de ninguna sustancia psicoactiva, por supuesto) ¿en alguna ocasión experimentaste por algo o alguien una sensación de estar maravillado tan grande que honraste su existencia? Eso es la compasión.


La compasión es, por un lado, un sentimiento de fraternidad, de hermandad, de unión entre tú y todos los seres o entre tú y un ser específico. Ese sentimiento nace en tu espíritu, no en tu mente, por lo que no basta que pienses en ser compasivo, es una sensación que experimentas con todo tu ser. Es algo que se siente, se vive, se magnifica y se hace extensiva a todos los seres que se cruzan en tu camino. Comprender que tú y tus hermanos son una misma energía vertida en diferentes contenedores, viviendo diferentes roles, te conecta inmediatamente con la compasión, con ese sentimiento. En otro sentido, la compasión es una forma de vivir, un estilo de ser o un estado de consciencia que se va alcanzando en la medida en que se va disolviendo el sistema de creencias divergente en el que se estructura la personalidad. Y como estado de consciencia, una vez se alcanza, no se puede ya vivir de otra manera.


Si eres compasivo con unas personas y excluyes de ese regalo a otros seres, no es el estado de consciencia el que alcanzaste. Tal vez te conectaste momentáneamente con el sentimiento de la compasión o talvez sentiste lástima por otro, con lo que niegas su potencial de luminosidad, su capacidad de ser feliz y dejas de honrar el plan de su alma. La función de la compasión en los seres humanos es la de correr el velo de la separación, permitiéndonos diluir progresivamente la idea de separación, el pensamiento de que hay seres más privilegiados que otros, cuando lo cierto es que en este planeta todos tenemos los mismos privilegios de origen - la vida, el espíritu, el alma, los recursos ilimitados del universo – aunque en el exterior se materialicen asuntos distintos para todos, de acuerdo con el plan del alma de cada ser humano y las correspondencias que cada quien va generando.


En la medida en que derogas la mirada fría del juicio dándole paso a la energía de la compasión – inicialmente como sentimiento y gradualmente como estado de consciencia – se va expandiendo una onda electromagnética de amor que se mueve en busca de otras ondas que se transmiten por la rejilla cristalina de la tierra cada vez que un humano siente y vive la compasión pura, genuina y verdadera.


La manera en que puedes ser más compasivo es practicando la mirada amorosa hacia cada ser con quien interactúes, tal como un deportista mejora su rendimiento con un entrenamiento y práctica disciplinada y comprometida. La compasión es bien diferente de la lástima o la pena por otros. La compasión es la mirada amorosa que ve en sus hermanos espíritus evolucionando a través de un sinfín de circunstancias y sucesos y, por ende, honra la valentía y el coraje de esas almas poderosas que eligieron caminos llenos de dificultades. La lástima es el sentimiento de dolor que se genera desde el ego y que reduce el potencial del otro a una suerte de azar que tocó vivir a causa de la despiadada vida, de un castigo divino o de la injusticia humana. La compasión empodera a quien la siente, a quien la vive y a quien la recibe, pues esa onda electromagnética toca los corazones y eleva frecuencia a la par que – permitiendo que fluya todo el potencial de un ser – trasciende estados de consciencia.

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